Tu rincón

Hurgando entre recuerdos, más al fondo de los sueños frustrados y un poco tapado por la ingenuidad de la juventud, te encontré.

Algo polvoriento y desteñido, pero seguías siendo el mismo. Te saqué con cuidado y me dediqué a limpiar las telarañas de tus ojos y el polvo que hacía ver gris tu cabello. De a poquito, sin prisa, dejando que la tibieza del mediodía me trajera de vuelta esas risas, abrazos y los primeros besos regalados con timidez.

Con los rayos del sol se descongelaron una a una las lagrimas guardadas. Se deslizaron con delicadeza desde mi nariz hasta la mesa, donde estallaron en miles de gotitas.

Nos mirábamos con curiosidad, nostalgia y con un vacío ancho.

Ahora tomamos café mientras vamos tirando del ovillo del pasado, desenredando nudos, dando vueltas, acomodando fechas con lugares y personas.

Han pasaron varias horas y los hilos desparramados por toda la habitación comienzan a cruzarse. Ya le dieron dos vueltas a la mesa, cuelgan zigzagueando por las aspas del ventilador. Se formó un puente colgante desde la perilla de la puerta hasta la heladera, que cruza justo por en medio de la mesa.

Yo no me quiero levantar, sospecho que tengo la pierna derecha anudada a la pata de la silla.

Otra taza de café y seguimos conversando.

-¿Así que te casaste?

-Si, yo también me casé

– Gracias, yo misma cuido del jardín.

Cae la tarde y se asoma la noche. A la vez que aparecen las estrellas, sé que se me escurren los minutos entre los dedos.

Quiero decirte que te amé, que seguís siendo importante para mi, que quiero un ultimo beso de despedida. Pero los años ya pasaron y nuestros caminos no van a cruzarse. De verdad, no te culpo de nada, la vida es así. Si tan solo pudiera hacer que esta noche fuera para siempre.

Ya llegó el momento, te levantas y te acompaño a la puerta. Nada de melodramas, ni palabras de amor. Solamente una mirada, esa mirada tuya que puede decirlo todo. Solo tus ojos negros durante un eterno instante y ya no estas más, te fuiste.

Vuelvo al jardín, hace un poco de frío pero le viene bien a la situación.

Mirando hacia la inmensidad me despido de vos y te dedico una ultima sonrisa.

De nuevo te acomodo atrás de los recuerdos, mas abajo de los sueños frustrados y medio apretado por la inocencia de los primeros años. Ahí, en esa esquina, en una caja de promesas antiguas.

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One thought on “Tu rincón

  1. No creo que recorte y pegue cosas. Pondre petalos. Juntare texturas y colores y olores. Se volvera borroso y las paginas quedaran ilegibles. Pero ese sera su proposito. Expresarme.
    Y tiene un collar. Una estrella de colores que le regalo su mama.
    Y es muy curiosa y muy linda. Por eso me gusta.

    Me gusta

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