Encuentros

Ya lo había visto un par de veces antes, cuando pasaba por el centro de la ciudad. Me gustó, me llamó la atención y me dije que algún día iba a acercarme a conocerlo.

Yo soy tímida, así que los encuentros no se me dan muy bien.

¿Que podía decirle?

-” hola, soy una desconocida y tengo unas ganas terribles de conocer todos tus secretos”.

Pasó el tiempo y yo casi me había olvidado de él. Pero cuando el destino se encapricha con algo, nada se puede hacer.

Sin buscarlo, llevada por una amiga terminé al frente tuyo. Te saludé y me senté sin saber bien que hacer. Pero la vergüenza me duró poco, y entre cafés y medialunas fuimos haciéndonos amigos.

Te voy conociendo de a poco, tenes muchos secretos, sitios ocultos y sorpresas. Por suerte no te molesta que te toque, te revuelva y te deje de nuevo como estabas (bueno, casi como estabas). Me despedí con una sonrisa enorme, ya pensando en la segunda cita. Descubrí que no hay nada mejor que enamorarse de un café literario.

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